Domaine Armand Rousseau: Clásicos e imprescindibles vinos en la historia de Borgoña

Hay bodegas, domaines, elaboradores, viñedos, municipios o cualquier otra cosa que se les ocurra y que pueda ser objeto de admiración vitivinícola, que han sido puestos en boca de todos los aficionados a medida que se han ido probando los vinos y siempre comentando las grandes impresiones que nos han causado a lo largo de la historia. Uno de ellos es esta casa que nos ocupa. Sin duda, uno de los más impresionantes Domaines que existe en Borgoña a lo largo de toda la historia y que es equiparable en importancia a nombres como Leroy o Romanée Conti.

Y como siempre, para demostrarlo, les invito a que usen el sacacorchos. Ya me contarán.

La verdadera historia de Rousseau comienza cuando Charles Rousseau coge el Domaine familiar en 1959 tras la fatídica muerte en accidente de coche de su padre y lo sitúa al máximo nivel mundial con sus excelentes vinos, siendo continuada la labor por su hijo Eric Rousseau, quien empezó a trabajar con su padre desde 1983, asumiendo el total control del Domaine en los años 90.

Claro, como podrán imaginarse, no pueden hacerse grandes vinos sin un gran viñedo y en este sentido el portfolio que maneja la familia Rousseau es impresionante, buscando siempre bajos rendimientos en su abundancia de viñedos viejos, y así, manejan 2,15 hectáreas en Chambertin; 1,42 ha. en Chambertin-Clos de Bèze; 1,37 ha. en Charmes-Chambertin (dos tercios en el vino viene de Mazoyeres-Chambertin y un tercio de Charmes como ya vimos que podía ser, y luego los mezcla); 0,53 ha. en Mazis-Chambertin; 1,48 ha. en el Clos de la Roche y 1,06 ha. en Ruchottes-Chambertin (concretamente en una parte conocida como Clos de Ruchottes que es un monopole suyo) dentro de sus Grand Cru.

Pero aparte de esa impresionante colección de parcelas catalogadas con la máxima clasificación que se otorga en Borgoña, los Rousseau son los principales propietarios de ese grandísmo Premier Cru que es Clos-Saint-Jacques (como ya vimos) con sus 2,22 ha. en propiedad, y también manejan 0,60 ha. del Gevrey-Chambertin Premier Cru “Cazetiers” y 0,47 ha. en el Gevrey-Chambertin Premier Cru “Lavaux-Saint-Jacques”, así como 2,21 ha. de Gevrey-Chambertin Village (nueve parcelas al sur y este de Gevrey-Chambertin). Sin duda, algo impresionante.

Prácticamente todo su viñedo recae en Gevrey-Chambertin como pueden ver, siendo ésta una fuente imprescindible para comprender el estilo clásico de los vinos de esta maravillosa localidad. Nombres como Rousseau, Roty, Trapet, Mortet, Fourrier, Bourée, Sérafin, los Rossignol, Maume, Harmand-Geoffroy, Geantet-Pansiot, Esmonin, etc. son los que, junto a los excelentes viñedos que aquí se hayan, pueden hacer pasar grandes momentos de disfrute.

No busquen aquí un Domaine en donde los impresionantes avances técnicos de la enología y maquinaria en bodega puedan ser empleados. Piensen más en algo clásico, artesano, con un trabajo intenso hecho durante años para recuperar los suelos afectados por haber abonado tanto en potasio y así elevar la acidez en la viña tras verse que esos excesos daban uvas con pH demasiado altos, con muy elevadas densidades de plantación en viñedo, con poco uso de tratamientos salvo cuando no quede más remedio, y con poca intervención en bodega. En este sentido, suelen hacer algo de maceración en frío antes de fermentar y aplican bastante remontado al principio de esa fermentación, para así extraer buena cantidad de polifenoles y que el oxígeno ayude  a las levaduras de la uva a fermentar y como suele ser luego habitual el uso de las maderas en las crianzas varía en función del tipo de vino que haga, aplicando más porcentaje de roble nuevo a las cuvées superiores (llegando al 100% en Chambertin o Clos de Bèze y en torno al 80% en el Clos-Saint-Jacques…) ya que tiene la uva para aguantarla sin problemas. Lógicamente, esas barricas nuevas luego se usan ya para los otros vinos, y generalmente los tiempos de crianza oscilan sobre los 18 meses.

Sin duda son vinos impresionantes, de larga guarda, con cierta crudeza en su juventud pero que ofrecen perfiles aromáticos y gustativos tremendamente complejos, barrocos, eternos.

Una de las bodegas más impresionantes que uno puede encontrar en el mundo y que desde aquí recomendamos con fervor y pasión a todos aquellos que les guste la Pinot Noir auténtica de Borgoña.

Seguiremos destripando algunos Domaines mientras bebemos vinos.

Un saludo

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